1 de marzo de 2011

Dualidad Hondo.Crepúsculo o por qué Leo a Iosif.


Cuánto pudo odiar Iosif a Leo?, Tanto como parece, tanto como hemos creído, tanto como nos han hecho creer?

Acaso no es la misma sensación que ya vivimos cuando en el 18, aquellos que decían amar a la Gran Alemania decidieron odiar a unos pocos, unos pocos locos rojos, porque querían la paz, no la rendición, mientras los primeros ansiaban la guerra hasta sus últimas consecuencias?

En los tiempos en los que Iosif aún latía, atusaba sus bigotes georgianos, y asustaba a sus enemigos en todos lados, era normal que el pueblo a quien repetían constantemente que los agentes exteriores amenazaban los logros de su tiempo, creyese que eso era verdad; la revolución, la guerra de continuación, las cartillas de racionamiento, todo aquello había costado tanto esfuerzo, tanto sacrificio y tanta sangre propia y ajena, que era fácil pensar que si los agentes extranjeros querían destruirlo todo, y Leo vivía en el exterior y también en la mente obsesiva de Iosif, desde antes incluso de que Vlado dejase este mundo, era normal entonces que uno creyera que el uno era la causa y el otro era el defecto, incluso si además aquellos buenos y nobles camaradas resultaban ser infames traidores que así lo afirmaban antes de ser condenados; acaso no aseveraban haber sido pagados por Leo para llevar a cabo acciones de sabotaje? no nos creemos ahora todo cuanto la hipocracia nos cuenta de lugares que deben se democratizados y liberados les guste o no, como a nosotros nos conviene? no creemos firmemente en toda cuanta boborevolución cromático emancipadora nos sacude cada día? cómo no iba a creerlo uno en los años 30? Así pues mientras Iosif vivió, por obligación y por las inumerables pruebas, como el hecho de que el mismo Leo se plantara un piolet en mitad de la frente para acusar a Iosif de querer zanjar la cuestión a la montañesa, todo aquello era de lo más normal del mundo.

Pero cómo explicar entonces que semejante odio haya sobrevivido a ambos y llegado a nuestros días, tal vez porque aquellos que siguieron fieles a la memoria de Vlado vieran cómo poco a poco el paroxismo llegaba a todos los rincones de la madre patria, cómo los sucesivos cuadros del partido se asentaron en sus sillas carentes del más mínimo genio o impulso de la tríada primigenia de las cuatro letras, todos ellos no hicieron sino dejar que la máquina rodara, así pues cuando llegó el final, inmediatamete se despertaron e igual que Dolfi y sus comilitones en el 18 se preguntaron cómo era posible la derrota, cómo si la guerra estaba ganada? acaso serían Rosa y Karl con su revolución para conseguir la paz a sus espaldas los causantes, no los convertía eso en traidores, en pérfidos seres, y por tanto toda la culpa no sería suya completamente suya? del mismo modo cuando en el 91 la incompetencia navega en vodka y se hace gobierno destruyendo el trabajo de millones durante 70 años, algunos se preguntan, si con Iosif ganamos la guerra civil, la gran guerra patria, la carrera espacial, la reconstrucción de Europa, si llevamos nuestros ideales hasta las puertas de la Roma Imperial, el Alegre París, el Flemático Londres, o la Musical Bonn, y ahora que él ya no está todo se ha perdido para siempre, es que todos los que le siguieron no merecen la pena, y si Iosif era el único bueno, se convencerán, de que si él creía que todo era culpa de Leo, entonces todos cuantos han fracasado en la conquista de los ideales que Vlado se impuso al comenzar el siglo pasado son fieles partidarios de Leo y por tanto vivieron equivocados; así de sencillo es llegar a odiar, sólo hace falta creer hasta el final, creer sin pensar, tan simple como la puñalada por la espalda del 18. Una vez que no puedes vencer al enemigo exterior, es más fácil machacar al amigo interior.

Sin embargo debemos aprender a creer para cambiar y a pensar para avanzar.

11 de febrero de 2011

El hombre de la manta

Cualquier lugar es bueno en su memoria para detener el paso y echarse al suelo, que no ha conocido hacienda, ni posada, ni venta, desde que todo hombre está en venta.

Que no tiene adarga, mientras la mano alarga para pedir pan para mañana, que no conoce rocín ni flaco, ni gordo, si no es en plato de mesa en filete adobado, que a su galgo, que no es galgo, que es pellejo de calle, y de pulgas correo, lo tumba a su lado para darle calor y consuelo. Que en su cabeza no hay bacía, vacía lleva la tripa, y destripada el alma, pues no conoce barbero, ni barreño, ni jabón para el pelo. Que de entuertos está repleto, hastiado, aplastado, de los desfacidos y de los facidos por el mundo y el dinero. Que si tuviera espejos, en la locura entraría con una sola lágrima que viera de su rostro hambriento, de su ser harapiento, mientras tras el azogue es la mano del opulento la que sostiene su tormento. Que no hay molinos de viento, sino frío y nieve en el invierno, que no hay ejército de lana de a cuatro patas, sino calor y sed en el verano, que vagando de isla en ínsula, y de sendero en sendero, sobre sus pies de roída suela, el enjuto hidalgo cabalga. Hidalgo solitario, sin ama para custodiar sus bienes, sin sobrina para soportar su cansancio, sin cura de responso para apaciguar su alma atormentada, sin bachiller que tire cuatro versos en su epitáfio postrero, si no es 'desconocido' cuando ate su pliego al dedo del pie derecho.

Sin manco que escriba un relato en dos partes de historia, una de hambre y otra de asfalto.

4 de enero de 2011

Feliz 2011





Gracias a un vallecano en Rumanía

30 de diciembre de 2010

Cuando suenen las campanas del último día...

De un solo color, un color que llevamos en la sangre, es en el fondo un dolor permanente, una angustia interminable, una fiebre de cada día que te abrasa, una enfermedad incurable, una arritmia del corazón que late y late, un insomnio que cada noche te consume. Es un ansia que no se agota, sino que crece cada vez que uno puede ver a su hermano padecer, es una eterna lucha, un combate incesante contra quien consiente la opresión, y una duda infinita de si uno ha acertado o se halla errado, un interrogante perpetuo por descubrir y corregir en qué estamos equivocados.

De un solo color, un color que derramamos por nuestros hermanos, un color con el que marchamos, y en cada paso avanzamos, para no retroceder jamás, un color que miles y cientos antes han llevado, un color que hizo llorar a quien lo vio y a quien lo padeció y en ese dolor también hemos cambiado, porque hemos comprendido que los fracasos han de repararse, ha de reconstruirse el camino, y el sendero recorrido, porque cambiar exige más que creer siempre, en la verdad de los de siempre, porque la verdad existe sólo ahora, y cambiará mañana cuando nuestra mente se abra a lo que aún no hemos visto.

De un solo color, un color que fluye por venas, miembros y manos, de un color con el que no cabe rezar para esperar a que los dioses vuelvan a hablar, de un color que riega la tierra, de un color que no palidece y es constante, del color que se nubla la mirada cuando se acerca la llama, del color del planeta lejano, oh, RotKrasniFarbe.

Feliz aniversario, vieja dama proletaria.1922