La democracia ha llegado a un postrado, agonizante y moribundo Irak, los pobres mueren por las bombas de asesinos y militares invasores, los antiguos gobernantes reciben el apoyo del mundo para que no sean ejecutados a pesar de sus crímenes, sólo por macabra e hipócrita apariencia, negándose de palabra y obviando de obra. Tres monos en un templo budista se asean uno a otro mientras los que buscan venganza ya tienen sus tribunales. La única verdad es que muerto el tirano, ya hay sitio para el siguiente. (v.0.7.1)
8 de enero de 2007
Venganza.Justa.0.7
La democracia ha llegado a un postrado, agonizante y moribundo Irak, los pobres mueren por las bombas de asesinos y militares invasores, los antiguos gobernantes reciben el apoyo del mundo para que no sean ejecutados a pesar de sus crímenes, sólo por macabra e hipócrita apariencia, negándose de palabra y obviando de obra. Tres monos en un templo budista se asean uno a otro mientras los que buscan venganza ya tienen sus tribunales. La única verdad es que muerto el tirano, ya hay sitio para el siguiente. (v.0.7.1)
22 de diciembre de 2006
Cuento de Navidad
Nunca hubo necesidad de ir más allá a buscar alimento, pues entre las gruesas y bastas hiladuras entrejidas de los sacos, siempre había hueco para que se desprendiera ora un grano, ora una semilla, a veces era trigo, otras cebada, las menos, centeno. Raras veces durante el invierno era posible explorar nuevos sabores royendo algunos de los jugosos tubérculos que se amontonaban en el interior de sus cajas listas para salir al mercado, dulces de patata o remolacha saciaban la glotonería de aquellos rabudos habitantes del caserón.
Pero lo que en otro tiempo fue riqueza, con los años se volvió necesidad, y la aldea se fue quedando vacía, sus habitantes se marcharon, algunos murieron, otros se fueron más lejos, lo cierto es que con el paso de las estaciones, las remesas de provisiones fueron bajando, hasta que llegó un invierno y el viejo almacén quedó vacío y oscuro, podridas sus paredes, sus vigas y sus travesaños, un espacio vacío en el que el gélido frío se paseaba sin temor.
- ¿Qué vamos a hacer? - preguntaron las ratas a su rey - ¿Qué haremos ahora sin alimento? Moriremos de hambre y frío - aseveraron.
Durante varias jornadas, Úberkraft, meditó y sopesó varias posibilidades, pensó y pensó durante largos días, mientras algunos de sus vasallos morían ateridos. Hasta que un día, creyó hallar la solución, llamó a su consejero a parte, y lejos de todos en la oscuridad recóndita de un rincón, le dijo:
- Creo que he hallado la solución, pero no quisiera alarmar a los demás antes de ponerla en práctica, así que te contaré mi secreto al oído para que nadie pueda escucharnos - añadió acercando su imponente mole a su lado.
Después de unas horas, confirmada su teoría, Úberkraft llamó a sus congéneres con su chillido real. Se presentaron ante él, que les hablaba desde lo alto de uno de los destartalados embalajes del depósito, y les dijo:
- Escuchadme, bondadosos súbditos, ya no volveréis a pasar hambre, de ahora en adelante, nuestras necesidades estarán cubiertas, no importará ni el frío ni el calor, tendremos reservas de comida para siempre, adelante, comed hasta saciaros - dijo mientras con las garras de su pata alzaba la tela de uno de los sacos mostrando suculentos pedazos de carne, que las demás ratas devoraron hasta saciarse impelidos por el hambre.
Mientras se escuchaba el sonido de sus dientes al masticar aquel manjar, les dijo desde lo alto: - Ahora que ya somos civilizados... construyamos un Imperio.
7 de noviembre de 2006
BORS
A través del cálido ambiente de los salones, los poderosos observan complacidos, y tomando la copa de licor aproximan el borde a sus labios para deleitarse con el espirituoso sabor sin apartar la mirada del espectáculo, sus sonrisas se agrandan cuando apenas los separa el paso de un trote, justo en el momento en que la carga se detiene, y los hocicos de las bestias calientan el rostro de los proletarios con una vaharada bajo la que se muestran los dientes grandes y gastados de las monturas, el oficial alza su sable sobre todos y blandiéndolo en el aire grita a un tiempo mientras su corcel, negro como el alma de un fantasma penitente, atraviesa de un salto la cristalera y sus herraduras arañan con estropicio el delicado parquet de arce sobre el que las parejas han dejado de bailar mientras de su garganta surge el grito de la victoria de un octubre que es noviembre:
Tabárixi, soviétski naród, za slávu!!.
Dentro de poco comenzará el amanecer de un sol rojo que se adivina a través de las estepa mientras los olmos blanquecinos dejan escapar entre sus ramas desnudas la niebla de la mañana. Esta vez no es el nombre de un buque, es la Aurora del este.
Belikaia Oktiabra Revolutsiyu Sotsialisticheski.Mockba.07.11.1917
4 de julio de 2006
Dicen

Dicen que al final del camino, se vuelve al principio, así que a pesar de todo, al final, pero al final de todo, volveremos a encontrarnos en África,... junto al lago que los hombres blancos llaman lago Victoria.