Gracias a un vallecano en Rumanía
4 de enero de 2011
30 de diciembre de 2010
Cuando suenen las campanas del último día...
De un solo color, un color que llevamos en la sangre, es en el fondo un dolor permanente, una angustia interminable, una fiebre de cada día que te abrasa, una enfermedad incurable, una arritmia del corazón que late y late, un insomnio que cada noche te consume. Es un ansia que no se agota, sino que crece cada vez que uno puede ver a su hermano padecer, es una eterna lucha, un combate incesante contra quien consiente la opresión, y una duda infinita de si uno ha acertado o se halla errado, un interrogante perpetuo por descubrir y corregir en qué estamos equivocados.
De un solo color, un color que derramamos por nuestros hermanos, un color con el que marchamos, y en cada paso avanzamos, para no retroceder jamás, un color que miles y cientos antes han llevado, un color que hizo llorar a quien lo vio y a quien lo padeció y en ese dolor también hemos cambiado, porque hemos comprendido que los fracasos han de repararse, ha de reconstruirse el camino, y el sendero recorrido, porque cambiar exige más que creer siempre, en la verdad de los de siempre, porque la verdad existe sólo ahora, y cambiará mañana cuando nuestra mente se abra a lo que aún no hemos visto.
De un solo color, un color que fluye por venas, miembros y manos, de un color con el que no cabe rezar para esperar a que los dioses vuelvan a hablar, de un color que riega la tierra, de un color que no palidece y es constante, del color que se nubla la mirada cuando se acerca la llama, del color del planeta lejano, oh, RotKrasniFarbe.
Feliz aniversario, vieja dama proletaria.1922
11 de noviembre de 2010
DieKnöchernenSoldaten.1918
Pronto podremos comenzar una guerra, una Grande, una Gran Guerra, una más, una nueva... pues ya hemos olvidado hasta la primera. Devora la tierra, la sangre y la carne de una generación entera, tritura bien picados, huesos, cabezas, tórax, brazos, manos y piernas, cuerpos enteros bajo el barro despedazados, sin alma ni pena.
Jorges y dragones, Guillermos y doncellas, una misma guerra, una misma sangre azulada, un campo de batalla, un erial, un lodazal, una pradera de amapolas encarnadas,... por un trozo de imperio, el mundo y la nada.
Salid a calles y plazas a saludar victoriosos los rostros cavernosos de los soldados bien formados, de los regimientos armados, filas prietas de botas de clavos. Mirad su faz de oquedades, sus cuencas hermosas de variados colores, sus sonrisas relucientes, sus manos huesudas, sus bigotes ardientes. Besad jóvenes hermosas, ninfas vaporosas y ociosas, los dentados labios entre gusanos enchidos por alegres banquetes. Colgad girnaldas gozosos, lanzad a su paso cintas y flores, escuchad extasiados sus cantos de himnos viriles de gargantas vacías y cartílago ausente, ahí llegan bajo cascos lustrosos, pelados los cráneos calcáreos, y a la blanquecina espalda los pertrechos cargados.
Mirad mujeres, mirad ancianos, son vuestros hijos, vuestros hermanos, vuestros maridos, vuestros amantes amados.
Gozoso y tranquilo partirá a la guerra, satisfecho y ufano, cruzará la frontera y entre gritos y llantos, saltará la trinchera de la primera batalla atravesando fuegos, llamas, balas y bayonetas caladas. Mas llegará el día en que de nuevo a tus brazos, su general al mando, te lo devolverá orgulloso y convencido del trabajo bien hecho. - Ecce Hommo!. Helo aquí mujer, éste es tu hijo.
Esbelto y puro hueso, podrás decir que es todo tuyo, abrazarlo entre tus brazos hasta notar su cuerpo bajo el uniforme de trapo. Su cuerpo duro, magro y ralo, pues hoy al fin regresó de su olvido, para besar tus manos, con rastro de ceniza y polvo pegados.
9 de noviembre de 2010
QUO VADIS, OSSIE?
Sí, eso era, sin embargo, ahora mudo, aguantas los golpes que caen sobre tu espalda. Te dicen así ha de ser, y callas, así has de hacer, y callas, así has de pensar, y callas, así has de ganar, y callas, así has de trabajar, y callas, así has de vivir, y callas, ahora siempre callas.
Dónde dejaste aquellas reuniones de noches aciagas frente a las puertas de las iglesias de Leipzig, cual Lutero y sus 95 tesis, dónde dejaste de gritar y reclamar lo que te pertenecía, por qué ahora te quedas en casa en silencio, callado y mudo, casi muerto dentro de tus cuatro muros, qué hermosos son esos muros ahora, y cuanto luchaste contra otros, lo hacías por ti o porque otros te guiaban.
Aguardas ahora un día de trabajo, o medio, o un tercio, o un cuarto, o la suerte de un día con pan a cambio de más años de trabajo, pero sin tan siquiera un futuro distinto, quién sabe por cuanto tiempo. Acaso era más fácil protestar bajo una dictadura comunista, que te espiaba, te humillaba, te atormentaba sin descanso, que te habría fusilado sin remordimientos, o eso decías, que bajo la democracia que te ampara, donde todo el poder es del pueblo, para el pueblo y por el pueblo.
Por qué entonces reclamabas y ahora en silencio aguardas a que te cedan las migajas, dónde dejaste que te quitaran lo que era del estado que era también tuyo, era tu dinero, era tu hogar, era tu patria, y ahora es todo suyo, por qué bajaste los brazos que tanto airabas contra el estado de obreros y campesinos, a cambio de uno de mercaderes y banqueros, por qué ahora no detienes el curso de la historia donde los ricos se hicieron más ricos con tu trabajo, y los nobles más ociosos con tus ganancias, entonces derribaste el muro y ahora, ahora te quitan lo que otros lograron en siglos, o es que has comprendido al fin que ahora no eras nada, solo una pieza de orfebrería barata que ya no vale nada, absolutamente nada, porque vives en democracia, y con eso ya te basta, porque a nadie le importas nada.
Querías libertad, y ya la tienes, pero dónde has estado todos estos años para defender tu trabajo y tu dignidad, dónde dejaste el valor, cuando perdiste la razón para creer que cruzar aquella frontera te iba a dar de comer, acaso amabas más la libertad de cruzarla que el pan de tus hijos.
Pobre Ossie, de Bürger a Verbraucher, eso es todo lo que querían de ti, todo lo demás ya lo tomaron para sí, todo cuanto habías creado se repartió bien separado entre los que ganaron la guerra, porque fueron ellos, los que la empezaron y la terminaron vivos, esos la ganaron, y no tú. Ahí tienes tu libertad, tus marcos alemanes, y tus verdes praderas prometidas apenas florecidas, si no las ves sólo tienes que buscarlas, pero ahí están, sí, hombre, sí, mira bien, sí, ahí, ahí mismo... a tu lado, si está muy claro.
Quién sabe qué añoras más, si los paraísos que nunca lograste o las explanadas de Nürnberg alumbradas por antorchas inabarcables. Pobre Ossie, cuánto valor para derribar un muro y qué poco para cambiar tu mundo.
Si tú abandonas Berlín, yo volveré a ella, para ser socialista.
Am 9.November.1989
Suscribirse a:
Entradas (Atom)



