Y a falta de días para saber que pronto todo pasa, uno puede hacerse viejo, llenar su cabeza de calvas, sus pelos de canas, su rostro de arrugas, sus ojos de nieblas, sus manos de manchas, sus dientes de encías... y sin embargo, seguir con la mente fresca, llena de recuerdos que se hacen presentes, repleta de viejos sueños que se confunden con los días y las noches. Y después de haber visto, vivido y escrito, simplemente decir trás un sorbo de Campari... Muchas gracias a todos, y luego, así, dormirse sin más.
10 de abril de 2013
4 de abril de 2013
Traum.MLK
Soñar hoy, aquí, ahora, soñar bajo la piel que me adorna,
que me rodea. La piel con que me miran, con que me ven y me odian, la delgada y
fina piel que me ata a la cadena de un esclavo unido a grilletes y clavos.
Soñar que sentado en cualquier lugar elijo mi sitio como cualquier otro, soñar
que bebo de la misma fuente porque de ella surge la misma agua, soñar que no
seré un siervo ahora que no tengo amo, que pisaré bajo mis pies el polvoriento
camino que he elegido en este perdido lugar de un universo extraño. Soñar que
mi lugar no es África o Asia o América, o cualquier frontera triste y sola,
sino el mundo o cualquier pequeña o gran patria.
Soñar que al sur se pone el sol y que es la hora, las 6 y un
minuto de una tarde de primavera, soñar asomado a un balcón de un motel alejado
de Alsacia y Lorena. Soñar que mi voz se calla, mientras el acero se une a mi
carne en mi garganta, y al llegar las siete cerrar los ojos y soñar de nuevo,
mi mundo nuevo. Soñar que aún hoy, igual que ayer... soñar que tengo un sueño...
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Welt
8 de marzo de 2013
Frauen.Dieser.Welt
Por qué no cantar como la alegre infantería germana, que por los campos de Francia recogía flores y amapolas, o como la legión romana que sembrando trigo por toda la Galia, besaba en la frente a godos y godas, galos, y galas con galantería gala.
Ay, qué hermosas sonadas las de aquellos muchachos, de cascos emplumados o picos forrados y cortas faldas. Ay de este mundo donde hay mucho de nada, tal vez sea hora de hablar de nuestras malditas desgracias y también de dar las gracias, esas tres gracias de Rubens, esas tres gracias con sus adorables curvas, ésas que plasmaron punto a punto sobre las hojas de papel milimetrado reflejando el curso de cada estrella.
Esas tres gracias con sus medidas asombrosas, resultado de observar una y otra vez el fluir de los objetos celestes que brillaban en la noche, esas tres gracias con su paciencia de estatuas, a fuerza de calcular y calcular como máquinas perfectas lo que un ilustre caballero no realiza porque le aburre lo tedioso y lo eterno, si no es la fama y la gloria.
Esas tres gracias con su gentil silencio, para que un catedrático pueda escribir su nombre el primero ante sus entusiastas colegas todos ellos señores muy serios, esas tres gracias con su intensa mirada, de una vista cansada de arañar la tinta entre números, operadores y operandos bajo la oscura luz de candelas y quinqués tiznados.
Esas tres gracias de nombre incierto, apenas una línea detrás del título con honores para un hombre con bigote y sombrero, así pues, aquí no encontrarás princesitas que alisan las crines sonrosadas de caballitos de juguete, quizás cuando eran niñas soñaron hacerlo, pero las que luego fueron, no vivieron encerradas en elevados torreones defendidos por fieros dragones, sino en la olvidada oscuridad y la trastienda de laboratorios y despachos donde los números y las matemáticas nos enseñaron a entender el universo.
A esas tres gracias que no eran tres sino cuatro, Williamina, Annie, Henrietta y Antonia. Harvard College Observatory 1913. Aquéllas que nos enseñan a distinguir unas estrellas de otras, y de entre todas, a vosotras.
8.марта.Международный.женский.день
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